martes 10 de marzo de 2009

Desde este instante, estoy desocupado y sin prestación.

miércoles 4 de febrero de 2009

Opositar en tiempos de crisis (2)

Revisando hoy las noticias del sindicato, Adise me hace llegar una mala noticia: en la Comunitat (sitio donde me iba a presentar) las plazas de profesor de filosofía que habrá serán... 15, la mitad de las que salían los últimos años.

Así, repasemos:

Catalunya: pactadas 60, salen 8.

Comunitat: salína 30, salen 15.

La cosa está muy pero que muy jodida.

Catalunya es misión imposible: con 8 plazas e interinos de más de 15 años, ni con un 10 igualaría un triste 5 de los mismos.

En la Comunitat, viendo las notas de los últimos años, rezando para que me valoren todos los cursos y llegue con 4 puntos de méritos (que en la fase concurso se convertirían en un +1.6), debo sacar un 10 para conseguir plaza (y ni así está garantizada). Eso sin contar que la crisis no haya llevado al paro a muchos licenciados en filosofía que decidan que hacer de profe es una buena vía de ganarse el pan.

En resumidas cuentas, que la cosa está jodida... muy jodida.


P.D.: a Adise también le han reducido mogollón la cantidad de plazas. Ella también necesita un 10 según las notas de las últimas oposiciones; y, en algunas, ni con el 10 tendría bastante.

Reitero las quejas dadas en el artículo anterior. Y me cago en los hijosdelagranputa de un sindicato valencianista que no aceptaron el aumento de 1000 plazas más en estas oposiciones a cuerpos docentes en la Comunitat porque 'no solucionaba el grave problema educativo de la Comunitat'; ahí se mueran y se mee un perro sobre sus cuerpos sin vida.

domingo 25 de enero de 2009

Opositar en tiempos de Crisis

Si hay algo para lo que sirve estar todo el día estudiando es para pensar. En mí caso, por partida doble, ya que al opositar por filosofía tengo: 1- que pensar qué coño significa eso que dice el autor X y 2- pensar por qué diablos me cogí una carrera con tan amplio abanico de salidas a la par que horas lectivas en el currículo académico. Siempre llego a la misma conclusión: que seré muy inteligente, pero listo lo que se dice listo... más bien poco. ¡Con lo bien que estaría yo habiendo estudiado algo de provecho, como una enginiería o un fp!

En fin, que me desvío del tema.
Opositar en tiempos de crisis (y más para la rama educación)te hace ver hasta qué punto nuestros políticos son unos desvergonzados sin palabra a los que se la trae floja el futuro de la nación. Sí, iba a decir que son unos hijosdelagranputaquesóloquierenchupardelboteycolocarasusamiguetes, pero ya que pretendo convertirme en profesor y, por ende, educador y modelo moral a seguir, creo que va siendo el momento de ir moderando mi tendencia a decir las cosas tan bruscamente.

Aquí, en nuestra querida Cataluña (hoy lo pongo con ñ porque escupiría en todos los nacionalistas del Govern que parecen más preocupados que un paqui rotule en catalán que en hacer que los catalanes vivamos un poco deshagados)una de las primeras (e intuyo que únicas) medidas de ahorro ha sido saltarse los pactos con la mesa negociadora y liquirar miles de plazas para el acceso tanto al cuerpo de maestros como al de profesores. ¡Bien por ellos! Si está claro que en este país lo que menos falta hace es educación, lo que necesitamos son obreros no especializados e incultos que acepten algún día trabajar por un plato de lentejas, así conseguiremos nuestro objetivo: competir con Asia como factoría low-cost y que en cada ciudad del mundo haya un bazar catalán con objetos inútiles pero, eso sí, muy baratos.

Como ya he dicho, aplaudo esa bonita iniciativa del Govern de reducir el gasto en una materia tan poco importante como es educación: al fin y al cabo, nuestro modélico sistea educativo no necesita inversiones porque ya va como un reloj, así que no hará que nuestras bajísimas cifras de fracaso escolar aumenten, así como tampoco rebajará el nivel académico de nuestros jóvenes, que al llegar a la universidad harán que los profesores se quejen de que cada año la cosa va a peor...
Al fin y al cabo, ni necesitamos universitarios, ni queremos los que tenemos; si los quisiéramos y los valoráramos, ya nos encargaríamos de potenciar la investigación y les daríamos un sueldo digno. Pero como no los queremos, porque no son necesarios y hasta resultan molestos, así que los invitamos a que se exilien a otros países que den mejores oportunidades de investigar, como Portugal, Grecia, Polonia o, aquellos adortunados que puedan, el Primer Mundo.

En fin, nótese el sarcasmo y la indignación de saber que es más importante colaborar en l' "Acadèmia del Cinema Català", que digo yo que será una institución supernecesaria, habida cuenta de las superproducciones catalanas que llevan en masa al público a las salas.

En fin, que yo ya me veo en el exilio desde hace algún tiempo, pero no por ello dejo de sentir que este cacho de tierra se merece unos políticos mejores; unos que, por lo menos, no quieran tomarnos el pelo diciendo que la culpa es de Madrid, que no les da nada, mientras despilfarran dando subvenciones a los suyos, haciendo obras innecesarias para dar contratos a quienes financian al partido, perdiendo el tiemo en discusiones ideológicas que no solucionan nada y, eso sí, subiendo los impuestos hasta niveles que incluso un alemán, con su renta-per-capita europea, tenga que frotarse los ojos.

Querido político, como dijo ese gran miembro de la Real Academia Española de la Lengua: "Váyase a la mierda, ¡a la mierda!"

miércoles 14 de enero de 2009

12 meses, 12 causas

Que a media tarde te llame una empresa de Adsl para que una sudaca te ofrezca el mismo producto que has rechazado 127 veces es de lo más normal. Que te insitan y pretendan darte mil argumentos porque quieren su comisión es lo más habitual. Que harto de tanta intromisión en MI propia casa les diga que no tengo ordenador mientras el clic-clic del mouse pasa a otro de los blogs que leo es desde hace un tiempo mi única respuesta: mano de santo, muchos ni siquiera se despiden y cuelgan al instante al ver que no hay negocio a la vista.


Enero: por eliminar el telemarketing y los asquerosos teléfonos de atención al cliente que ni atienden ni ayudan.
Pon un Joan en tu vida. 12 meses, 12 causas.

lunes 12 de enero de 2009

Justo y Martín

A Justo no le gusta perder el tiempo: se levanta a las siete en punto, se ducha, desayuna, se viste y sale de casa camino del trabajo sintiendo que el día no tendrá suficientes horas para hacer todo lo que tiene pendiente. Camino del trabajo pasa delante del quiosco del barrio y escruta las portadas de los rotativos sin siquiera detenerse: si tuviera tiempo, se pararía, cruzaría un par de trivialidades con el quiosquero y se llevaría un par de diarios bajo el brazo; pero eso sería si tuviera tiempo, y Justo no lo tiene.


Martín es el hermano de Justo. Trabaja como conserje en la empresa de su hermano. Cada día tiene que ver pasar a su hermano vestido impecablemente con su traje italiano y saludarlo con un ‘Buenos día señor Marzo’. Hace siete años que su hermano le dio ese puesto después de que su madre le implorara que cuidara de su hermano pequeño, de ese hermano holgazán que había tenido problemas con la justicia por juntarse con la gente inapropiada. Así que él, recién salido de la cárcel, tuvo que aceptar el único trabajo donde querían a un exatracador y exdrogadicto, y desde ese día tiene que reverenciar a su hermano por ser su jefe y su redentor.


Cuando Justo llega al vestíbulo de la empresa se le dibuja una enorme sonrisa en la cara: ahí está su hermanito, debiéndoselo todo, humillado y vencido. Justo siempre ha sido un triunfador, siempre ha pisoteado el cuello de sus oponentes; ni siquiera su hermano, el chico más brillante que salió de la escuela politécnica y que tanta sombra le hacía ha podido evitar tener que tragarse su orgullo y aceptar las sobras de su éxito para subsistir.


Cuando Martín ve entrar a su hermano, desearía estar en cualquier otro sitio; incluso en la cárcel. De hecho, no hay demasiada diferencia entre su celda y la garita de la empresa: en la cárcel los guardias le decían cuándo tenía que levantarse, cuándo tenía que desayunar, cuándo podía salir al patio, cuándo era la hora de dormir; aquí, más humillante todavía, se lo dice la máquina de fichar.

Seamos realistas; pidamos lo imposible.